Xabier Amonarraiz (Donostia, 1975), gran amante de la vida en sus diferentes expresiones, se formó en la carrera universitaria de Ciencias del Mar, quedando fascinado por la infinidad de formas, texturas y modos de existencia de seres que muchas veces eran más pequeños que la cabeza de un alfiler. Se dio cuenta de que la vida es una gigantesca explosión de creatividad y nació en él la necesidad de expresar su excepcional manera de ver y sentir la vida con sus propias manos e imaginación.

La madera fue claramente el material con el que se sentía más identificado. Características como su naturaleza vegetal, su docilidad ante la escultura, sus diversas texturas, colores, olores, densidades… lo tenía todo para dar rienda suelta a sus necesidades expresivas.

Si bien en sus comienzos artísticos sus obras fueron dirigidas hacia la confección de instrumentos musicales como los “didgeridoos”, pronto el descubrimiento del torno de madera hizo que se abriera ante sus ojos un nuevo mundo de posibilidades. De esta manera, de la unión del torno y de la escultura, nace una manera de trabajar la madera que le permitieron realizarse.

La pasión de Xabier Amonarraiz, dirección a la que se encaminan sus colecciones escultóricas, consiste en crear con la madera hipotéticas formas de vida con estructuras, movimientos, texturas y características que serían posibles en universos regidos por unas condiciones ambientales totalmente diferentes a las que estamos habituados.

Es el deseo del artista que disfruten, se recreen y dejen volar su imaginación utilizando como vehículo sus creaciones...